• Los consumidores estamos expuestos continuamente al fraude alimentario

    El fraude alimentario está muy extendido en el mundo, los controles y medidas actuales parecen insuficientes para frenar este tipo de delitos, por lo que los consumidores estamos expuestos continuamente a este tipo de prácticas, algunas inocuas y otras peligrosas.

    Algunos alimentos comunes y habituales en nuestra despensa pueden no ser lo que creemos, una miel que consideramos de calidad puede ser el resultado de una mezcla de mieles de baja calidad que contienen trazas de antibióticos y otros residuos químicos, un aceite de oliva virgen extra, puede ser en realidad un aceite de oliva a secas, es decir, una mezcla de aceite lampante refinado y un 20% de aceite de de oliva virgen extra. El salmón puede ser en realidad otra especie de pescado de menor valor comercial, los zumos de fruta se pueden haber elaborado con frutas de mala calidad e incluso con principios de podredumbre, se pueden diluir productos en agua para aumentar su volumen y por tanto el rendimiento, realizar mezclas de especias con ingredientes que no se corresponden con lo indicado en una etiqueta alimentaria… la lista de alimentos susceptibles de sufrir fraude alimentario es muy larga.
    Lamentablemente los consumidores estamos expuestos continuamente al fraude alimentario, se puede citar como ejemplo, para tener una mínima idea del alcance de esta práctica, la Operación Opson IV llevada a cabo por INTERPOL y Europol entre el pasado mes de diciembre y enero de 2015. En sólo dos meses se incautaron miles de toneladas de alimentos y bebidas en 47 países del mundo, siendo el resultado tan solo la punta del iceberg de lo que en realidad está sucediendo con los alimentos.

    Actualmente no existe una definición legal para fraude alimentario, los países y las empresas los han definido de varias formas, pero a nivel general y de forma común se conoce como el conjunto de métodos y prácticas intencionadas sobre ingredientes y alimentos en los que no se garantiza la autenticidad, calidad u origen. Además existe una escala en este tipo de fraudes, los inocuos, es decir, aquellos alimentos que son sustituidos por otros de menor calidad que no afectan a la salud, o los peligrosos, en este caso se sustituyen ingredientes de calidad por otros que pueden representar un grave riesgo para la salud humana.

    Se estima que el fraude cuesta a la industria alimentaria del mundo entre 10 y 15 mil millones de dólares anuales, aunque posiblemente esta estimación se quede corta, ya que se basa en datos oficiales sobre los fraudes que se detectan a lo largo del año. El cometido del fraude alimentario es engañar a los consumidores y aumentar los beneficios económicos, lamentablemente muchos consumidores no se preocupan por los alimentos que consumen, cómo se elaboran, su procedencia, etc., están más preocupados por la posibilidad de comprar comida que sea más barata, en algunos casos. La falta de interés y conocimiento por los consumidores aumenta la posibilidad de algunos productores y fabricantes de cometer fraude alimentario, ya que ven una gran oportunidad de incrementar los beneficios.

    Por fortuna algunos casos de fraude no han provocado que los consumidores sufran enfermedades graves e incluso que puedan morir, pero esto no quiere decir que no exista un riesgo potencial. Ponemos como ejemplo uno de los casos recientes de fraude que no afectaría a la mayoría de los consumidores pero sí a quienes pudieran ser alérgicos a los frutos secos, véase como ejemplo el caso de la sustitución del comino por cáscaras de almendras o cacahuetes.
    El fraude alimentario no es algo nuevo, se puede decir que es una práctica que se lleva realizando desde hace cientos de años, claro, que entonces los métodos utilizados eran más simples. En la Edad Media el precio de las especias importadas aumento considerablemente, entonces los comerciantes sustituían parte de las especias por polvo, piedra u otro tipo de semillas. Otra práctica habitual en los siglos 18 y 19 era diluir la leche en agua para obtener mayor producto y por tanto rendimiento, lo malo es que en ocasiones se utilizaba agua en malas condiciones que se teñía con yeso u otro producto que le otorgara el color blanco.

    Durante los últimos años el número de escándalos alimentarios por fraude parece haberse disparo, pero en realidad lo que ha ocurrido es que se ha intensificado la persecución por este tipo de delitos y se ha logrado detectar un mayor número de casos. Últimamente el más habitual es el de no declarar la presencia de determinados ingredientes en las etiquetas alimentarias, podemos citar el caso de la carne de caballo o el mencionado anteriormente sobre el comino, entre otros. El primero no representaba un riesgo para la salud del consumidor, pero evidentemente se estaba defraudando utilizando una materia prima más barata para sustituir a otra más cara. El segundo era un caso que sí podía representar un riesgo para la salud humana, especialmente para las personas alérgicas a los cacahuetes o a los frutos secos.
    Si tenemos que hablar de un país por excelencia en los casos de fraude alimentario, China es un claro ejemplo, pero además son casos graves que pueden afectar a la salud y acabar con la vida de personas y animales, a esto hay que sumar que los alimentos de ese país incumplen continuamente la legislación alimentaria de otros países, sus alimentos contienen una elevada cantidad de productos fitosanitarios, algunos prohibidos por la UE o en Estados Unidos.

    No se escapa nadie de ser víctima del fraude en los alimentos, incluso aquellos consumidores que son más conscientes de la situación y por ello consumen productos de proximidad o con certificación ecológica. Algunos agricultores adquieren alimentos a proveedores mayoristas y los comercializan como suyos y además con el sello de certificación orgánica, a pesar de que han sido producidos industrialmente y contienen trazas de pesticidas y otros productos fitosanitarios que no estarían presentes en los alimentos ecológicos auténticos. Quizá este tipo de fraude es menor, ya que existe un mayor control, pero se cometen.

    Combatir el fraude alimentario es complicado, pero se puede reducir notablemente si se ponen en marcha las medidas oportunas, regulaciones y controles más exhaustivos contratando a inspectores que verifiquen la calidad y procedencia de los alimentos, sanciones y penas de cárcel más duras para quienes cometen este tipo de delitos, dar mayores competencias y medios a las agencias internacionales como INTERPOL y Europol para que puedan perseguir con más eficacia este tipo de delitos, etc.
    Es importante que los Gobiernos se preocupen un poco más por la lucha contra el fraude alimentario, se puede citar como ejemplo el paso dado por el Gobierno de Estados Unidos este año para disminuir el número de casos de fraude, aquí podemos leer que se anunció un sistema de seguimiento del origen de alimentos como el pescado importado, es decir, poner en marcha un sistema de trazabilidad alimentaria eficaz. Al respecto os recomendamos leer este post sobre por qué es tan importante la trazabilidad alimentaria.

    Queda mucho por hacer en la lucha contra el fraude alimentario, en lo que se refiere a los consumidores podemos elegir alimentos que cuentan con los certificados correspondientes, como por ejemplo la Denominación de Origen, adquirir alimentos locales, etc.

    • Autor gastronomiayacia.com
    • Fecha 2015-04-24
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